Es curioso cuando sales de una clase y te topas con una persona
con la cual no te llevas, el silencio tan incomodo que se crea,
mirándoos a ver quien de los dos a sido el estupido que no a tenido
cuidado al salir, en este caso yo, porque Verónica no podría cometer ese
fallo, es la perfección en persona, antes de que ella cometiera algún
error, el universo tendría que reinventarse de nuevo.
- Sabes
Verónica… me incomodas, sigues intentando ser lo que no eres y estas
pudriéndote por dentro… - note como las palabras brotaban de mis labios
sin detenerse en ningún momento a recapacitar.
Si, yo tampoco se
porque lo hice, su cara palideció, sus ojos se tornaron con una rabia
jamás antes vista en ese rostro, al menos por otro ser humano, giro la
cara y entro en la clase, como si no hubiera dicho nada, pero me oyó… y
se que esto traerá alguna represalia tarde o temprano, son de esa clase
de cosas que como el pasar del tiempo son irrefutables...
Me
encanta el silencio de la biblioteca, aquí todo parece estar en calma
siempre, el murmullo de la gente, el olor de los libros viejos, la
música de volumen excesivamente moderado… se acabo la calma, ahí viene
verónica directa hacia mi. Levante la vista y le preste toda la atención
que pude mientras mi mente seguía divergente entre mil y un
pensamientos sobre lo que iba a ocurrir en ese instante, aunque también
pensaba en que el vestido blanco le resaltaban mas las pecas de sus
mejillas, hasta que se paro justo delante mió.
- No eres nadie
para hablarme como lo has hecho antes, ni siquiera eres nadie para poder
hablarle a otro ser humano, aquí eres como una sombra que nadie pisa
por si tienen que limpiarse la suela de las zapatillas, así que no
vuelvas a dirigirte en ningún momento de tu miserable vida a mi y espero
que esto haya quedado claro. - Sus palabras resonaron por toda la
estancia.
- Si, bastante claro, UPS! Perdone su majestad he
vuelto a dirigirme a usted sin permiso, ruego que me disculpe no querría
tener a toda la guardia real tras de mi. - Ni en un momento como este
en el que había dañado a una persona mi sarcasmo no podía sentarse
simplemente en una esquina a mirar.
Giro sobre sus tacones y se
marcho, ni una replica, ni una palabra, ni siquiera una mirada de odio o
indiferencia, solo una retirada, quizás es porque toda la biblioteca
estaba pendiente de nosotros dos y nuestra acalorada charla, me levante y
fui tras ella.
- Espera Verónica…
- Que? – Se giro con una calma sublime, casi aterradora.
-
No pretendo disculparme por lo que te dije en la puerta de clase,
simplemente fue una observación pero claro como tú has dicho no soy
nadie para hablarte como lo hice, así que lo siento.
El silencio
del momento fue aterrador, ni una respuesta, ni un gesto, solo se giro
como dentro del recinto de libros y se marcho. Inalterable, sonriente,
como si el mundo hubiera dado otra vuelta por ella, allí me quede de pie
mirando como se alejaba entonces me consumió la ira, notaba como las
lagrimas brotaban en mis mejillas, como me ardían los ojos, como el
pulso se me aceleraba, las manos se cerraban clavándose mis uñas en la
palma de mi mano y me sentí tan cobarde como ella.
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