martes, 7 de mayo de 2013

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Es curioso cuando sales de una clase y te topas con una persona con la cual no te llevas, el silencio tan incomodo que se crea, mirándoos a ver quien de los dos a sido el estupido que no a tenido cuidado al salir, en este caso yo, porque Verónica no podría cometer ese fallo, es la perfección en persona, antes de que ella cometiera algún error, el universo tendría que reinventarse de nuevo.

- Sabes Verónica… me incomodas, sigues intentando ser lo que no eres y estas pudriéndote por dentro… - note como las palabras brotaban de mis labios sin detenerse en ningún momento a recapacitar.

Si, yo tampoco se porque lo hice, su cara palideció, sus ojos se tornaron con una rabia jamás antes vista en ese rostro, al menos por otro ser humano, giro la cara y entro en la clase, como si no hubiera dicho nada, pero me oyó… y se que esto traerá alguna represalia tarde o temprano, son de esa clase de cosas que como el pasar del tiempo son irrefutables...

Me encanta el silencio de la biblioteca, aquí todo parece estar en calma siempre, el murmullo de la gente, el olor de los libros viejos, la música de volumen excesivamente moderado… se acabo la calma, ahí viene verónica directa hacia mi. Levante la vista y le preste toda la atención que pude mientras mi mente seguía divergente entre mil y un pensamientos sobre lo que iba a ocurrir en ese instante, aunque también pensaba en que el vestido blanco le resaltaban mas las pecas de sus mejillas, hasta que se paro justo delante mió.

- No eres nadie para hablarme como lo has hecho antes, ni siquiera eres nadie para poder hablarle a otro ser humano, aquí eres como una sombra que nadie pisa por si tienen que limpiarse la suela de las zapatillas, así que no vuelvas a dirigirte en ningún momento de tu miserable vida a mi y espero que esto haya quedado claro. - Sus palabras resonaron por toda la estancia.

- Si, bastante claro, UPS! Perdone su majestad he vuelto a dirigirme a usted sin permiso, ruego que me disculpe no querría tener a toda la guardia real tras de mi. - Ni en un momento como este en el que había dañado a una persona mi sarcasmo no podía sentarse simplemente en una esquina a mirar.

Giro sobre sus tacones y se marcho, ni una replica, ni una palabra, ni siquiera una mirada de odio o indiferencia, solo una retirada, quizás es porque toda la biblioteca estaba pendiente de nosotros dos y nuestra acalorada charla, me levante y fui tras ella.

- Espera Verónica…
- Que? – Se giro con una calma sublime, casi aterradora.
- No pretendo disculparme por lo que te dije en la puerta de clase, simplemente fue una observación pero claro como tú has dicho no soy nadie para hablarte como lo hice, así que lo siento.

El silencio del momento fue aterrador, ni una respuesta, ni un gesto, solo se giro como dentro del recinto de libros y se marcho. Inalterable, sonriente, como si el mundo hubiera dado otra vuelta por ella, allí me quede de pie mirando como se alejaba entonces me consumió la ira, notaba como las lagrimas brotaban en mis mejillas, como me ardían los ojos, como el pulso se me aceleraba, las manos se cerraban clavándose mis uñas en la palma de mi mano y me sentí tan cobarde como ella.

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